Periódico Contraparte, 03 de marzo de 2025

Una fría madrugada en las alturas de Bolivia se tiñó de luto este lunes, cuando un bus que cubría la ruta Oruro-Potosí cayó al vacío tras perder el control en una curva cerrada, dejando un saldo preliminar de más de 15 fallecidos y varios heridos en estado crítico. El accidente, ocurrido en un tramo conocido por su peligrosidad, ha conmocionado al país y ha reabierto el debate sobre las condiciones de las carreteras y la falta de supervisión en el transporte interdepartamental. Según testigos, el vehículo iba a alta velocidad cuando intentó tomar una curva pronunciada, derrapando sobre el asfalto desgastado antes de precipitarse por un barranco de más de 50 metros de profundidad.
Las labores de rescate, que se extendieron por varias horas, fueron extremadamente difíciles debido a la geografía accidentada y la falta de equipos especializados en la zona. «Es una de las peores escenas que he visto en mi carrera. El bus quedó completamente destrozado, y los sobrevivientes estaban atrapados entre los escombros», relató un bombero que participó en las operaciones. Entre las víctimas se encuentran hombres, mujeres y al menos un menor de edad, cuyas identidades aún no han sido reveladas oficialmente. Familiares de los pasajeros llegaron al lugar del accidente, desesperados por obtener información. «Mi esposa y mi hija viajaban en ese bus. No sé si están vivas», dijo con voz entrecortada un hombre que esperaba noticias bajo la llovizna que caía sobre la zona.
Este trágico suceso ha puesto nuevamente en la mira las precarias condiciones de la ruta Oruro-Potosí, una vía que ha sido señalada en repetidas ocasiones por expertos como una de las más peligrosas del país. La falta de señalización adecuada, el mal estado de la carpeta asfáltica y la ausencia de barreras de protección en los tramos más críticos son solo algunos de los factores que convierten este trayecto en una trampa mortal para conductores y pasajeros. Aunque las autoridades han prometido en el pasado mejorar la infraestructura vial, los avances han sido mínimos, y este accidente parece ser otro recordatorio de que las promesas no son suficientes.
Mientras las investigaciones avanzan para determinar las causas exactas del siniestro, algunas hipótesis apuntan a la posible fatiga del conductor, quien habría manejado durante más de 12 horas seguidas, o a fallas mecánicas en el vehículo. Sin embargo, lo que queda claro es que este tipo de tragedias no son aisladas. Solo en los últimos cinco años, cientos de personas han perdido la vida en accidentes viales en Bolivia, un país donde el transporte público sigue siendo una lotería con resultados muchas veces fatales.
A medida que el sol asoma sobre las montañas, las imágenes del bus destrozado y los rostros de dolor de los familiares sirven como un crudo recordatorio de la fragilidad de la vida y la urgente necesidad de acciones concretas para prevenir futuras tragedias. Mientras tanto, Bolivia llora una vez más a sus muertos y se pregunta cuántas vidas más se perderán antes de que las carreteras dejen de ser sinónimo de peligro.




