En una conferencia de prensa que marca un giro radical en la política económica del país, el presidente Rodrigo Paz y el ministro de Economía José Gabriel Espinoza anunciaron un paquete de medidas que busca desatar una nueva etapa de austeridad, simplificación tributaria y reactivación empresarial. El anuncio más contundente fue la eliminación de cuatro impuestos considerados “ineficientes y dañinos” para la inversión privada, pese a representar menos del 1% de la recaudación nacional.

El Gobierno confirmó que serán abrogados el Impuesto a las Transferencias Financieras (ITF), el Impuesto a las Grandes Fortunas, el Impuesto al Juego y el Tributo a las Promociones Empresariales, al considerar que estos gravámenes solo generaban trabas, contradicciones legales y costos administrativos más altos que su propia recaudación. “No podemos seguir castigando al que invierte y genera empleo”, sostuvo Paz durante su intervención.
Pero el anuncio más impactante fue el planteamiento de una reducción de hasta el 30% del gasto público, lo que significaría uno de los recortes más grandes de las últimas décadas. El Ejecutivo adelantó que enviará tres proyectos de ley a la Asamblea Legislativa para modificar el Presupuesto General del Estado, priorizar la austeridad estatal y recortar el gasto corriente, al que consideran excesivo e ineficiente.
Otro punto clave fue la promesa de ponerse al día con las deudas del Estado. El ministro Espinoza aseguró que se acelerarán los pagos a proveedores, especialmente en sectores sensibles como combustibles, salud, medicamentos y servicios básicos, con el objetivo de recuperar la confianza de las empresas y evitar el colapso de servicios esenciales.
Las medidas generaron una inmediata reacción del sector privado, que valoró el anuncio como una señal de apertura y cambio de rumbo. Sin embargo, analistas advierten que el verdadero desafío será la aprobación de los proyectos de ley en la Asamblea y la aplicación real de los recortes anunciados. Con este golpe de timón, el Gobierno de Paz lanza su primera gran apuesta económica: menos impuestos, menos gasto y más oxígeno para una economía asfixiada.




