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Manchas de sangre que deja el contrabando: fallecidos, sobrevivientes y «heridos de muerte»

Manchas de sangre que deja el contrabando: fallecidos, sobrevivientes y «heridos de muerte»

17/12/2023 En 2022, el alférez Herlan Medrano estaba en el auge de su carrera militar. Hoy tiene paralizadas las piernas, columna y órganos pélvicos. Su papá lo carga para subir y bajar gradas; usa pañales porque hace sus necesidades biológicas involuntariamente; no puede bañarse ni vestirse solo. Quedó parapléjico luego de intentar detener a un contrabandista.

La madrugada del 15 de agosto de 2022, Herlan patrullaba Huachacalla, al suroeste de Oruro, hasta que los inhóspitos caminos de esa zona fronteriza con Chile lo condujeron hacia un auto piloteado por un “loro» (contrabandista cuya tarea es «despejar» las vías para que ingresen los camiones cargados de mercadería ilegal). El militar le ordenó que se detenga, pero el «loro» pisó el acelerador a fondo: atropelló y arrastró a Herlan al menos seis metros, luego intentó arrollarlo otra vez. Su intención era matarlo y, para asegurarse, le disparó dos veces.

Una de las balas cercenó la médula espinal de Herlan, la segunda le perforó el brazo y la embestida vehicular le destrozó dos vértebras y media. Sobrevivió.

Su papá, don Germán Medrano, fue el primero en recibir la devastadora noticia: «(…) Donde quiera que vayas, a Japón, Estados Unidos o cualquier país, tu hijo no volverá a caminar más», le comunicó el doctor. «Por eso yo no quería que Herlan vaya a ese lado (la frontera), pero lamentablemente le tocó», relata con profundo pesar su progenitor y confiesa que, antes de esta tragedia, ya sentía miedo al saber que su hijo fue destinado a esa zona. «Allá, a los contrabandistas no les interesa la vida humana».

Herlan es uno entre 176 uniformados bolivianos que sobrevivieron tras poner el pecho a la bala de los contrabandistas, según las cifras procesadas en los últimos tres años por el Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando.

Así, abriéndose paso por rutas salpicadas de sangre, el año pasado los contrabandistas generaron una afectación económica de 3.331 millones de dólares a Bolivia, según un informe del Departamento de Análisis Económico de la Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Cochabamba (ICAM). Con este dinero se podría edificar al menos 16 hospitales de tercer nivel; en Cochabamba hay una sola infraestructura de salud con esas características, por dar un ejemplo; el monto que mueve el contrabando es tan elevado que equivale al Producto Interno Bruto (PIB) de tres departamentos de Bolivia juntos: Chuquisaca, Oruro y Pando.

Desde aquel agosto de 2022, las vidas del militar Herlan de 25 años de edad y su familia cambiaron. «No he vuelto a sonreír como antes», cuenta su papá, quien se vio obligado a dejar de trabajar como carpintero porque su hijo requiere cuidados las 24 horas del día. Ahora, mamá es la que provee en su núcleo familiar, mientras don Germán se ocupa de la parte «dura»: cargar al militar parapléjico «como a wawa (bebé, por su traducción del quechua)» para subir y bajar gradas, usando una sábana como aguayo (tejido típico).

«No es fácil la vida de mi hijo», ni la de ninguno de los integrantes del círculo Medrano. Don Germán empieza el día a las cinco de la madrugada, sino, no le alcanza el tiempo. Primero cocina y luego baña a Herlan. Lo último es cada vez más complicado porque tiene que alzarlo hasta la ducha: «ha engordado desde que está en silla de ruedas y es difícil cargarlo», pero “hay que sacar fuerzas de donde no hay», lamenta su progenitor. El aseo dura al menos una hora, porque además tiene que limpiarle el pañal, renovarle la sonda por donde hace pipí y darle sus medicamentos. «A veces orina sangre, por tanto manipular la sonda».

Herlan no puede dormir en cualquier colchón porque hay riesgo de que le vuelvan las escaras, áreas de piel y tejidos dañados por una presión continua de su silla de ruedas. Hace poco, «le hemos hecho agarrar (escaras) en sus piecitos, más bien le hemos hecho perder, porque eso avanza y es como el cáncer, llega hasta el hueso».

El dinero de la familia Medrano se va en pañales, pomadas antiescaldantes y medicamentos que el seguro no cubre. «¿Y a mí nadie me pregunta dónde como, dónde duermo o lavo mi ropa?», dice con la voz entrecortada don Germán. Y es que, mientras su hijo se recupera en el hospital, él debe esperarlo cerca, «por si los doctores necesitan algo», y como no tiene dónde, la calle es su refugio, es ahí donde muchas veces se desahoga, echándose a llorar.

Hace poco, don Germán llora menos, la esperanza volvió a su familia. Un informe médico de la Corporación del Seguro Social Militar (Cossmil) sugirió que el militar Herlan reciba atención médica en el exterior, se fue a Colombia acompañado de su papá, con la fe puesta en volver a andar.

«(En este país) nos han dado la esperanza de que mi hijo volverá a caminar». Ese fue el día más feliz para Herlan y su papá, en medio de la tragedia que viven y luego de que varios médicos en Bolivia habían sentenciado que su «incapacidad» sería de por vida.

Desde que su hijo quedó parapléjico, don Germán asegura que está «traumado», ya no quiere ver el uniforme de Herlan, ni militares en la calle, «duele la situación en la que los contrabandistas lo dejaron». Tampoco quiere toparse con «ferias de contrabando», pues ahora sabe que la ruta que siguieron esos productos para ingresar al país está «manchada de sangre». “(…) Si no hubiera este maldito contrabando nada de esto hubiera sucedido».

Las ferias a las que se refiere son espacios comerciales informales donde los contrabandistas logran su cometido: introducir productos ilegales a la mesa de los bolivianos. Si bien los precios son, en algunos casos, de «gallina muerta» y sin relación respecto al costo de producción, se debe a que no tienen registro sanitario, entre otros factores. Inclusive, “hay productos vencidos, pero con fecha de caducidad remarcada”, revela el primer vicepresidente de ICAM, Wildo Dolz .

Según datos de la Intendencia Municipal de Cochabamba, solo en la ciudad hay una veintena de ferias de este tipo y al menos cinco de ellas están «consolidadas» porque reúnen a decenas de comerciantes en zonas como las vías del Tren Metropolitano, la avenida Beijing, Loreto, avenida Perú y por inmediaciones de la plaza Excombatientes. Alertan que la cifra puede ser incluso mayor, pero es complicado procesarla, ya que esta actividad ilícita es itinerante.

Las muestras feriales de los contrabandistas penetraron, inclusive en el área rural de Cochabamba, así lo explica Dolz. «Van en camionetas que usan como mostradores de su mercadería ilegal».

SECUELAS DE POR VIDA

El ataque con arma de fuego a Herlan es solo un modus operandi que los contrabandistas tienen para quebrantar la guardia fronteriza del Centro Estratégico Operacional de Lucha Contra el Contrabando (CEO – LCC).  Usan cuatro modalidades más: emboscar a los militares, lanzarles explosivos, provocar accidentes de tránsito (chocando los vehículos oficiales) y, en el peor de los casos, los secuestran “con el apoyo de pobladores afines”, de acuerdo con un informe oficial remitido por el Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando.

A consecuencia de estos agresivos ataques, en los últimos tres años, tres uniformados quedaron como Herlan, parapléjicos y con la carrera militar truncada.

Los reportes oficiales especifican que la causa de la paraplejia de Herlan fue los disparos que recibió de un contrabandista. Un segundo militar quedó en esa condición debido a que fue atropellado por un camión con contrabando y un tercero “a consecuencia de una emboscada (entre pobladores y contrabandistas), siendo agredido hasta dejarlo casi fallecido”. A una semana del accidente que dejó postrado a Herlan, su camarada Luis Miguel Limachi quedó en la misma situación, solo que él -a más de un año del suceso- aún no asimila su condición física Luis fue atacado por contrabandistas en 2022, pero «sigue en depresión, no puede hablar», cuenta su hermana desde La Paz. Su familia lo intenta animar, pero él aún no está preparado para recordar la dura lucha contra el contrabando que dejó truncada su vida.

Lo cierto es que, aunque pasen varios años, la voz de los «sobrevivientes» del contrabando aún se entrecorta cuando recuerdan ese episodio en el que casi mueren. El suboficial Andrés Canaza también vio de cerca la muerte hace casi cinco años, el 4 de octubre de 2019.

Ocurrió cuando se dirigía hacia la localidad de Llica (Potosí). “Había información de que por ahí iban a ingresar camiones con mercadería de contrabando”. Canaza permaneció “camuflado” en ese agreste lugar durante tres días, pero los vehículos ilegales nunca aparecieron, presume que se debió a que los comunarios filtraron la información de presencia militar.

Canaza se replegó a su base en Oruro, pero, de retorno, pasaron por la localidad Salinas de Garci (localidad orureña), “un poblado muy afin al contrabando”. 400 metros antes de ingresar, vieron pasar a toda velocidad un vehículo indocumentado (“loro”) y detrás de él, al menos 20 motorizados “chutos”. Eran las cuatro de la madrugada y Canaza, junto a sus camaradas, con más valor que miedo, decidió armar una operación para incautarlos. Los pararon a todos, pero, de repente, “siento un golpe de la cintura para abajo y me he desvanecido”. El militar quedó con el cuerpo casi aprisionado entre dos autos, debido a un choque provocado por un contrabandista que intentaba “liberar” a los chuteros.

Canaza fue trasladado hasta una clínica de Oruro, donde descubrieron que los ligamentos de sus rodillas estaban “totalmente destrozados”. Cuando se intentaba poner de pie «era como si las piernas estuvieran rotas, sentía que se me separaba en dos».

Los médicos le dijeron que fue un accidente con suerte. Algo de lo que, al principio, el suboficial dudó, pues faltaban solo ocho días para que se repliegue de ese puesto en el que luchaba contra el contrabando. » Ahí es donde uno se pone a pensar ¿qué he hecho mal?”. Luego comprendió que realmente Dios estaba de su lado, “tal vez iba a estar en silla de ruedas o muerto”.

Pasaron cinco años desde ese día y Canaza aún camina ayudado por un bastón, la pandemia frenó su proceso de recuperación. El militar de 40 años acude casi todos los días a su sesión de fisioterapia en Cossmil de La Paz. Su carrera militar ya no es la misma, ni volverá a ser igual, los médicos le advirtieron que recuperará hasta el 70% del estado en el que estaba antes, no más. Está resignado, “el cuerpo ya no me responde como antes. Por ejemplo, quiero caminar más rápido y mis piernas no me responden”. Desde esa trágica jornada, ha dejado de jugar futbol, dejó su club de motocicletas y otras actividades físicas.

Hoy se desempeña como administrativo del ámbito militar. Si bien la lucha contra el contrabando lo inhabilitó físicamente, él ve hacia otro horizonte profesional. Está cursando la carrera de Derecho para hacerle frente al contrabando desde los estrados judiciales, donde los mercaderes ilegales también cometen irregularidades, debido a las leyes son poco rígidas.

El uniformado Herlan Medrano en proceso de recuperación en Un establecimiento de salud./ GERMÁN MEDRANO
El uniformado Herlan Medrano en proceso de recuperación en Un establecimiento de salud./ GERMÁN MEDRANO

«CARNE DE CAÑÓN»

A pesar del riesgo de vida inminente que significa enfrentar a este contrabando organizado, a diario al menos 500 militares se juegan la vida por proteger las fronteras bolivianas. La cifra es insignificante, considerando que el país tiene 7 mil kilómetros de límites, es decir 7 mil o más potenciales puntos de ingreso ilegal.

Los uniformados son desplazados únicamente a los lugares estratégicos, principalmente en fronteras con cuatro países: Chile, Perú, Argentina y Paraguay, según un informe otorgado a este medio de comunicación por el Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando.

A través de estos sectores entra la mayor parte del contrabando a Bolivia. Solo entre enero y octubre de esta gestión, la Aduana Nacional de Bolivia quitó a los contrabandistas más de 560 millones de bolivianos en mercancías, durante 14.222 operativos.

Para el primer vicepresidente de la ICAM, Wildo Dolz, la presencia de militar en frontera solo “frena un poco (este delito), nada más, no se puede hacer más que eso”.

Observa que, a pesar todos los operativos armados, la Aduana Nacional de Bolivia solo comisó el 3.18% de todo lo que los contrabandistas ingresaron a Bolivia en 2022.

LOS QUE YA NO ESTÁN

Las Fuerzas Armadas también respaldan el trabajo de lucha contra estos mercaderes ilegales, a través de unidades acantonadas en zonas de seguridad fronteriza, donde tienen más de 400 uniformados. Pero, esta cifra no intimida a los contrabandistas.

Hay hasta 80 operativos contra el contrabando a diario en Bolivia, si con suerte los militares o aduaneros salen ilesos de ellos, valoran las 80 nuevas oportunidades de vivir que tienen, oportunidades que la vida no concedió a seis militares que murieron a manos de contrabandistas durante los últimos tres años.

Uno de ellos es el sargento Ronald Callisaya. Murió el 23 de marzo de este año, haciéndole frente al contrabando, en Yacuiba. Su caso es otro en el que la cuestionante: “¿Por qué le sucedió?” encaja. Su papá, don Ramiro aún reniega, pues a su hijo de 25 años solo le faltaba una semana para que retorne a su hogar en La Paz y termine por fin “ese trabajo con riesgo de vida”.

Para superar la pérdida de su hijo, prefiere no recordar la tragedia. Se limita a contar que “la camioneta le aplastó la cabecita”, esto sucedió durante un patrullaje contra el contrabando.

Corrió la misma suerte el subteniente Jerson Quispe, quien murió en un operativo de lucha contra el contrabando en 2022. A casi un año de la tragedia, aún hay tristeza en su hogar. Su papá, don Pedro Chambi, postea en Facebook las fotos de Jerson, con traje militar, muy elegante, cumpliendo su deber, una misión que lo condujo a la muerte. “El tiempo curará el dolor (…)”, “fuerza (…)”, “Tienes que seguir adelante”, le dicen, pero ningún comentario de aliento alivia su desconsuelo y es que un papá nunca estará preparado para enterrar a un hijo.

En diciembre de 2022, Jerson y dos de sus camaradas que eran parte del CEO iban a bordo de una camioneta, enfocados en cumplir su trabajo: evitar el ingreso de mercadería ilegal al territorio boliviano desde Argentina. Pero, ese día, estos jóvenes supieron que los contrabandistas estaban dispuestos a todo, incluso a asesinar, con tal de evadir impuestos. El verdugo de Jerson conducía un camión cargado de mercancía ilegal por la carretera a Uyuni (Potosí), cegado en consumar –a como dé lugar- la internación de su carga. No había nada que lo detenga, pues al verse sorprendido por los tres militares, emprendió más velocidad, y se fue contra ellos, con la firme idea de matarlos.

Jerson y sus colegas tuvieron que provocar un vuelque de la camioneta oficial en la que iban para esquivarlo. Confiaban en que salvarían sus vidas, pero la maniobra terminó con uno de ellos muerto. En cuestión de minutos, los tres quedaron con golpes en cráneos, fracturas de narices, maxilares rotos y múltiples heridas faciales. Jerson no resistió y murió, a cuatro días de Noche Buena.

El 24 de diciembre de 2022 fue, con seguridad, la Navidad más triste que pasó la familia Quispe Chambi. En lugar de encender focos navideños, les tocó encender las velas fúnebres; y en vez de recibir obsequios, les llegaron varias condolencias, entre ellas las del Comando General del Ejército, que expresaba “su sentimiento de pesar por la irreparable pérdida”.

Otros recientes fallecidos de este 2023 son los militares César Choquehuanca y Victor Alvarado. En mayo, los dos militares se internaron a una zona alta de Tarija, un lugar inhóspito y de caminos improvisados, con la finalidad de evitar el ingreso de mercadería ilegal, pero la movilidad en la que iban volcó. Más allá del vacío que dejaron en su institución, estos uniformados ya no cumplen un rol fundamental: el de papás. El militar César Choquehuanca dejó en la orfandad a un niño y Víctor Alvarado a una niña.

De manera técnica, los informes oficiales especifican que la muerte de los seis militares fue por diversas causas: “impacto de arma de fuego en el cuello”, “impacto frontal contra un camión con mercadería de contrabando” y en accidentes automovilísticos.

«HERIDAS DE MUERTE»

El contrabando no solo desangra personas, sino también la industria boliviana, otro invisivilizado sector que fue herido a muerte por los contrabandistas.

La esencia asesina del contrabando penetra, inclusive, en la industria. “Es un cáncer”, sentencia con total certeza el presidente de la ICAM, Amilkar Rocha. En 1999, el contrabando representaba 1.000 millones de dólares y a la fecha incrementó en 233%.

Cada año, esta actividad ilícita genera pérdidas que, en términos de generación de empleo formal, equivale 550 mil fuentes de trabajo.

Los principales productos que ingresan de manera ilegal a Bolivia son alimentos, bebidas, textiles, muebles, productos farmacéuticos, calzados y ropa usada. Esto significa que todas las empresas bolivianas que están en esos rubros, en la actualidad, están en riesgo o tienen “heridas de muerte”. Se trata de 11.379 industrias manufactureras bolivianas (según la actualización de matrícula y registro de comercio que maneja el Servicio Plurinacional de Registro de Comercio).

Estos negocios emplean de manera directa a 94.789 personas y, de manera indirecta, a más de 310.000 bolivianos. Todos son compatriotas que le ponen el hombro a empresas que están como “muertas en vida”, pues tienen desventaja total frente al contrabando.

El Departamento de Análisis Económico de la ICAM establece que solo en Cochabamba este negocio ilícito genera una pérdida de 600 millones de dólares anuales, los cuales equivalen a 100.000 fuentes de empleo. Estas muertes, sobrevivencias y “heridas de muerte” dan cuenta de que “el contrabando está más armado que nosotros”, esa es la conclusión, con tono de lamento, a la que llegaron casi todos los que fueron víctimas de este ilícito y también las familias de los que murieron luchando contra él.

 

 

FUENTE: OPINION

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