Periódico Contraparte, 20 de mayo de 2025.

La interna del Movimiento Al Socialismo (MAS) acaba de alcanzar un nuevo punto de quiebre. Eduardo Del Castillo, exministro de Gobierno y ahora candidato presidencial por el ala renovadora del partido, declaró sin rodeos que su principal enemigo político no es la oposición ni la derecha, sino el mismísimo Evo Morales. “Mi principal enemigo es el señor Morales”, afirmó en una entrevista que sacudió el tablero político y que marca un antes y un después en la disputa por el control del MAS.
La frase, tan directa como incendiaria, confirma lo que durante meses se había gestado en silencio: una guerra sin retorno entre los llamados “evistas” y los “renovadores”. Del Castillo apuntó a Morales como una figura que se niega a aceptar su inhabilitación, recordando que el expresidente no tiene personería jurídica, que el referéndum del 21F le cerró la puerta a una nueva postulación, y que las sentencias constitucionales que lo vetan están plenamente vigentes. “No se puede seguir engañando a la gente, el país necesita avanzar, no retroceder”, señaló con firmeza.
Lejos de atenuar el conflicto, sus palabras parecen preparar el terreno para una confrontación electoral directa, sin concesiones. Del Castillo minimizó las amenazas de movilización de los sectores leales a Evo, señalando que “la población ya no responde a ese tipo de presión” y que “la gente está empezando a perderle el miedo a Morales”. Para el joven candidato, el futuro del MAS está en manos de una nueva generación y no de quienes, según él, se aferran al poder por intereses personales.
La declaración también desató reacciones inmediatas entre los seguidores del expresidente, quienes denunciaron una “traición” por parte de Del Castillo y anunciaron nuevas movilizaciones en La Paz y otros departamentos. Entretanto, Evo Morales no ha emitido una respuesta directa, aunque sus voceros han reiterado que su candidatura sigue firme, pese a los obstáculos jurídicos.
Con las listas de candidatos habilitados previstas para el 6 de junio, y la fecha de las elecciones fijada para el 17 de agosto, Bolivia se encamina a uno de los procesos más polarizados de su historia reciente. La batalla entre Evo y Del Castillo no solo definirá el destino del MAS, sino también el de toda una generación de votantes que exige renovación y certezas en medio de la crisis.




