La administración de Trump ha desarrollado una variedad de opciones para una acción militar en Venezuela, incluidas acciones directas contra unidades militares que protegen al presidente Nicolás Maduro y movimientos para tomar el control de los campos petroleros del país, según varios funcionarios estadounidenses.

Aunque la orientación aún está siendo redactada, algunos funcionarios del gobierno esperan que sostenga que Maduro y sus principales responsables de seguridad son figuras centrales en el Cartel de los Soles, al que la administración ha designado como grupo narcoterrorista. Se espera que el Departamento de Justicia argumente que esa designación convierte a Maduro en un objetivo legítimo a pesar de las antiguas prohibiciones legales estadounidenses contra el asesinato de líderes nacionales.
Cualquier intento de derrocar a Maduro colocaría a la administración bajo un mayor escrutinio respecto de la justificación legal que presente, dado el confuso conjunto de argumentos que ha esgrimido hasta ahora para enfrentarlo. Entre ellos figuran el narcotráfico, la necesidad de garantizar el acceso estadounidense al petróleo y las afirmaciones de Trump de que el gobierno venezolano liberó presos hacia Estados Unidos.
Trump ha emitido una serie de mensajes públicos contradictorios acerca de sus intenciones, así como sobre los objetivos y las justificaciones de cualquier posible acción militar. En las últimas semanas ha señalado que los ataques contra lanchas rápidas en el mar Caribe y el Pacífico oriental —que han dejado al menos 65 muertos— se expandirían hacia ataques terrestres. Sin embargo, eso aún no ha ocurrido.
Cuando se le preguntó en CBS News si Estados Unidos se dirigía hacia una guerra con Venezuela, Trump respondió el domingo: “Lo dudo. No lo creo, pero nos han tratado muy mal, no solo en lo relacionado con las drogas”. Repitió su acusación sin fundamento de que Maduro abrió sus prisiones e instituciones mentales y envió a miembros de la banda Tren de Aragua a Estados Unidos, un señalamiento que Trump ha hecho desde su campaña presidencial del año pasado.
Al ser consultado sobre si los días de Maduro como presidente de Venezuela estaban contados, añadió: “Creo que sí, sí.”
El apoyo a las opciones más agresivas proviene del secretario de Estado, Marco Rubio, quien también funge como asesor de Seguridad Nacional interino, y de Stephen Miller, vicejefe de gabinete de Trump y asesor en materia de seguridad interior. Según varios funcionarios estadounidenses, ambos han dicho en privado que creen que Maduro debería ser obligado a dejar el poder.




