Santa Cruz, Bolivia. Ser madre es una de las experiencias más hermosas, especialmente cuando se trata de gemelos. Pero para Rosita Delgadillo, la llegada de sus gemelos fue el inicio de una pesadilla y una angustiosa lucha que culminó en un milagro. En 2008, Rosita vivió el dolor más grande de su vida cuando uno de sus gemelos, Carlos Enrique, fue secuestrado y recuperado tras 14 días de agonía.

“Perder a un hijo es como arrancarle el corazón a una madre”, expresó Rosita, quien aún recuerda con dolor esos días de incertidumbre.
Una gran sorpresa
La vida de Rosita cambió drásticamente cuando supo que esperaba gemelos. «Cuando me enteré que iba a tener gemelos, me quedé ‘shockeada’, y desde ahí mi vida cambió», comentó Rosita, recordando la mezcla de emociones y el anhelo de su familia por la llegada de los bebés. El 12 de septiembre de 2008, Rosita dio a luz a dos gemelos sanos y maravillosos, Carlos Eduardo y Carlos Enrique, en un parto adelantado debido a un susto en su barrio.
La tragedia golpea
Cuatro días después del nacimiento, durante el primer control médico, uno de los gemelos fue raptado. “Tenía a uno de los niños en brazos y el otro lo tenía mi cuñada”, explicó Rosita. Fue en ese momento que una mujer, aprovechando un descuido, arrebató a Carlos Enrique. «Fue en cuestión de segundos, que la mujer le quitó al bebé de los brazos a mi cuñada», recordó Rosita con angustia.
Una búsqueda desesperada
La desaparición de Carlos Enrique desató un operativo masivo. Rosita contó con el apoyo incondicional de su familia, amigos, y los medios de comunicación. «Todos se movilizaron, la policía hizo una operación hormiga. En ese momento, no sé cómo, pero me sostuve; necesitaba toda la fuerza para recuperar a mi hijo», afirmó.
La búsqueda no dio resultados inmediatos, y la familia decidió contratar a un detective privado. Rosita y su familia mantuvieron una fe inquebrantable, orando fervorosamente por la vuelta de Carlos Enrique.
Un milagro inesperado
Tras 14 días de intensa búsqueda y oración, un milagro ocurrió. La raptora intentó tomar un vuelo, pero una humareda imprevista retrasó el vuelo. «La raptora debía tomar un vuelo esa noche, pero hubo una humareda que hizo suspender el vuelo», relató Rosita. Este retraso permitió rastrear la llamada que la raptora hizo a su familia, lo que condujo a su captura.
Rosita recordó que la raptora había ofrecido sus servicios en la maternidad y había anotado su número en un papel que ella guardó. Este detalle fue crucial para el investigador. Finalmente, la policía allanó varias casas y encontró al bebé. «Tanto era mi fe que yo vi una visión donde el señor me lo entregó a mis brazos», dijo emocionada.
Un cambio para siempre
El secuestro de su hijo cambió a Rosita para siempre. «Lo sentía tan cerca de mí, que los protegía de todo. Desde esa vez dije que no hay que confiar en la gente», concluyó.
La historia de Rosita es un testimonio de amor, fe y la fuerza inquebrantable de una madre. Aunque la mujer que raptó a su hijo nunca fue sentenciada, Rosita agradece haber recuperado a Carlos Enrique, lo que renovó su esperanza y fortaleció sus lazos familiares.




