Periódico Contraparte, 27 de enero de 2025.

El campo está en pie de guerra. Desde las primeras horas de la mañana, miles de campesinos afiliados a la facción evista han comenzado a movilizarse en diferentes regiones del país, amenazando con un bloqueo indefinido de carreteras y vías principales si el Gobierno no atiende sus demandas de manera inmediata. Las tensiones, que llevan semanas gestándose, han alcanzado un punto crítico tras el fracaso de las últimas negociaciones entre los líderes campesinos y las autoridades gubernamentales.
«Estamos cansados de promesas vacías y reuniones interminables. Si no hay soluciones concretas en los próximos días, paralizaremos el país», advirtió Juan Carlos Mamani, uno de los portavoces más visibles del movimiento. Entre las principales exigencias de los campesinos se encuentran la reducción de los precios de los fertilizantes, la condonación de deudas agrarias y la implementación de políticas que garanticen precios justos para sus productos. Además, exigen una mayor inversión en infraestructura rural y acceso a créditos blandos para los pequeños productores.
El Gobierno, por su parte, ha intentado calmar los ánimos con declaraciones que prometen «diálogo y soluciones prontas». Sin embargo, las palabras no han sido suficientes para disuadir a los manifestantes, quienes aseguran que han perdido la confianza en las instituciones. «Nos han ignorado durante años. Ahora es el momento de actuar», afirmó Rosa Quispe, una campesina de Cochabamba que participa activamente en las movilizaciones.
Las consecuencias de un bloqueo indefinido podrían ser devastadoras para la economía nacional. Las carreteras bloqueadas no solo afectarían el transporte de alimentos y mercancías, sino que también podrían generar desabastecimiento en las ciudades principales. Además, la tensión social podría escalar rápidamente, especialmente si las fuerzas de seguridad intervienen para despejar las vías.
Expertos en conflictos sociales advierten que esta situación podría ser el preludio de una crisis mayor si no se maneja con prudencia. «El Gobierno debe actuar con rapidez y sensibilidad. Ignorar las demandas de los campesinos solo alimentará el descontento y podría desencadenar un escenario de ingobernabilidad», señaló el analista político Carlos Sánchez.




