Bolivia atraviesa una etapa de transición climática marcada por la superposición de fenómenos extremos. El viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes, advirtió que el país vive simultáneamente el fin de la temporada de incendios y el inicio adelantado de las lluvias, en medio de persistentes heladas y granizadas.

El Senamhi emitió una alerta hidrológica de color naranja para 80 municipios de La Paz, Cochabamba y Potosí, ante el riesgo de desbordes en ríos como el Beni, Chapare y Caime. En Santa Cruz, el Searpi declaró alerta amarilla tras la crecida del río Piraí.
Los efectos ya se sienten: en Chuquisaca, una fuerte granizada afectó a más de 1.500 familias en 49 comunidades, dejando pérdidas en cultivos de papa, maíz, durazno y uva, además de la muerte de animales menores. “Incluso las carpas solares fueron destruidas en Poroma”, informó el ejecutivo de Agamdech, Marco Soliz.
En Cochabamba, una inusual nevada cubrió la cordillera del Tunari y el camino a Misicuni, mientras que en La Paz las lluvias se adelantaron un mes respecto al calendario habitual, reduciendo los tiempos de preparación de las autoridades municipales.
Expertos en meteorología señalan que la variabilidad climática obliga a reforzar medidas de prevención, ya que las lluvias de octubre se presentan con mayor intensidad y frecuencia.




