La sorpresiva decisión del presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Romer Saucedo, de abandonar el país junto a su familia y declararse en el exilio bajo el argumento de que Bolivia dejó de ser un país seguro, puso al descubierto un complejo entramado de antecedentes y controversias que marcaron su trayectoria pública.
Elegido como titular del TSJ el 15 de diciembre de 2024 y posesionado en enero de 2025, Saucedo debió enfrentar en su gestión diversas revelaciones sobre su pasado. Entre ellas destaca su paso por el penal de Palmasola, donde estuvo recluido con detención preventiva durante un año y cinco meses cuando tenía 21 años, tras un altercado en el que defendió a su madre de una agresión física, proceso en el que fue acusado por tentativa de homicidio sin llegar a una sentencia ejecutoriada.
En el ámbito político, el magistrado mantuvo inicialmente una estrecha cercanía con el presidente de la República, Rodrigo Paz, a quien respaldó públicamente en varias de sus decisiones normativas. Sin embargo, con el paso de los meses, este vínculo se desgastó de forma radical hasta convertirse en confrontación, al punto de que Saucedo cuestionó duramente la política judicial del Ejecutivo, mientras que sectores de la administración criticaron severamente su gestión.
“Mi persona, sabiendo la relación que existía con el señor Fernando Cerimedo y además por una cuestión de amistad que tengo con Nadia [Beller], (…) me preocupé y tomé contacto para preguntarle cuál era la situación en relación a la salud y la vida de Nadia”, reveló Saucedo en agosto, admitiendo su amistad cercana con la activista.
Finalmente, previo a su salida del país rumbo al exterior, la autoridad judicial también generó revuelo al manifestar su intención de coordinar acciones con la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), sumando nuevos elementos a la crisis institucional desatada en la cúpula del Órgano Judicial.



