Periódico Contraparte, 20 de mayo de 2025.
Cuando todo parecía trabado en tribunales, la candidatura presidencial de Andrónico Rodríguez vuelve a tomar fuerza. La Sala Constitucional Primera de Santa Cruz dejó sin efecto el recurso que frenaba su inscripción ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE), abriendo una nueva ventana para que el actual presidente del Senado siga en carrera por la silla presidencial. La acción de cumplimiento que lo bloqueaba había sido presentada por Peter Erlwein Beckhauser y admitida en Beni, pero ahora pierde peso jurídico tras esta resolución que, según su equipo legal, tiene carácter vinculante.
Israel Quino, abogado de Rodríguez, fue claro al señalar que esta decisión no solo fortalece la posición del binomio compuesto por Rodríguez y Mariana Prado, sino que también envía un mensaje contundente a la ciudadanía: “No puede haber un fallo judicial que esté por encima de la voluntad popular. Esto es un precedente para que no se utilicen las salas constitucionales con fines políticos”.
El TSE, que había suspendido la inscripción de la fórmula de la alianza Popular mientras se resolvía la medida cautelar, ahora se ve obligado a considerar este nuevo fallo. Sin embargo, la batalla no ha terminado. La acción interpuesta en Beni sigue en pie, y su audiencia clave está fijada para el 21 de mayo. Si se levanta también esa restricción, Andrónico quedaría completamente habilitado para competir en las elecciones del 17 de agosto.
Desde el frente político de Rodríguez, el ambiente es de resistencia activa. Han convocado a una vigilia ciudadana permanente para defender lo que llaman “el derecho del pueblo a decidir en las urnas”. En palabras del propio candidato: “Ni una sala constitucional ni ningún vocal pueden anular la voz del pueblo boliviano. Vamos a llegar hasta el final”.
La decisión tomada en Santa Cruz no solo revive una candidatura; también alimenta el debate sobre el uso de recursos judiciales como herramientas de bloqueo político. Mientras se acerca la fecha electoral, el caso de Andrónico se convierte en un símbolo de la pugna entre legalidad y legitimidad, y de cómo los tribunales pueden definir no solo un proceso, sino el rumbo de todo un país.



